Ojalá que ésta sea la Navidad de la consciencia. Que el distanciamiento social sea reparado con cercanía emocional con los que amamos, aceptando y valorando las diferencias y encontrando unidad en ellas. Que el motivo de festejo, no sea una cena ricamente preparada, sino la intención de fortalecer los vínculos con aquéllas personas que nos importan.
¿Quién le sugirió al gobernador que ante temas de violencia y delincuencia que se viven en Michoacán utilice tonos de comunicación humorístico y sarcástico? Si lo asesoran, decidió no hacer caso al asesor –evidentemente-, salvo que esa haya sido la sugerencia.
La insensibilidad nos ha alcanzado, pero lo más grave es que parece haber alcanzado a quienes gobiernan. El fenómeno de la violencia ha adquirido desde hace tiempo estatus de normalidad.
El INAI fue la única institución de nuestro país que se atrevió a contener los impulsos autócratas de López Obrador. Así que seguramente tendrá que prepararse ante una nueva embestida presidencial, especialmente porque para el Ejecutivo Federal es un instituto caro e inútil para contener la corrupción.
El problema es que nuestra entidad acumula un estadístico histórico que, sumado a conflictos que trascienden en el extranjero, como lo es el bloqueo que maestros de la CNTE realizan a las vías que conectan al tren con el puerto más importante del Pacífico mexicano, y que constituye el acceso logístico más atractivo para el mercado asiático en esta zona del continente, lo hace estar, siempre, puntual en la cita de las alertas estadounidenses.