Cuando pensamos en la diabetes mellitus, generalmente la relacionamos con niveles elevados de azúcar en la sangre. Para muchas personas, el primer acercamiento con esta enfermedad ocurre durante una revisión médica, cuando reciben sus análisis clínicos y descubren que su glucosa está por encima de los valores normales.
Para otras, el diagnóstico llega después de experimentar síntomas como sed excesiva, cansancio o necesidad frecuente de orinar.
Sin embargo, existe algo que pocas veces consideramos: la diabetes mellitus tipo 2 no necesariamente comienza el día en que se diagnostica, en muchas personas, los cambios que favorecen su desarrollo pueden haber comenzado varios años antes, sin producir síntomas y, en ocasiones, sin alterar inicialmente los niveles de glucosa en la sangre.
Para comprenderlo, debemos recordar que nuestro organismo utiliza la glucosa como una de sus principales fuentes de energía. Para aprovecharla adecuadamente, necesita de la insulina, una hormona producida por el páncreas que ayuda a regular la cantidad de glucosa que circula en la sangre.
Con el paso del tiempo, algunas personas comienzan a presentar dificultades para responder adecuadamente a esta hormona, un fenómeno conocido como resistencia a la insulina, ante esta situación, el páncreas puede producir mayores cantidades de insulina para compensar el problema y mantener la glucosa dentro de valores normales.
No obstante, esto no significa que todas las personas con resistencia a la insulina desarrollarán diabetes.
Por ello, pensar que la diabetes es consecuencia únicamente de consumir demasiada azúcar o de tener sobrepeso es una explicación incompleta de una enfermedad mucho más compleja.
Pero entonces, si estos cambios pueden ocurrir silenciosamente, ¿cómo podemos identificarlos?
La respuesta no consiste en realizarse constantemente estudios de laboratorio, sino en conocer nuestros factores de riesgo.
Una alimentación equilibrada, la actividad física regular y un descanso adecuado pueden contribuir a reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
También debemos reconocer que no todas las personas tienen las mismas oportunidades para cuidar su salud, así las condiciones económicas, laborales y sociales pueden dificultar el acceso a una alimentación saludable, a espacios para realizar actividad física y a servicios médicos oportunos.
El próximo 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una fecha que nos invita a reflexionar sobre una enfermedad que afecta a millones de personas y que representa uno de los grandes desafíos de la salud pública.
Sin embargo, antes de hablar de sus complicaciones y consecuencias, vale la pena comprender que el diagnóstico de diabetes puede ser solamente el momento en que descubrimos un problema que comenzó mucho tiempo atrás.
Quizá deberíamos dejar de preocuparnos únicamente por cuánto azúcar tenemos en la sangre y comenzar a prestar mayor atención a los hábitos y condiciones que influyen en nuestra salud.
Porque prevenir una enfermedad también comienza por comprender cómo se desarrolla.
Nos vemos en la siguiente columna, estimado lector.


