¿Puede llegar el ébola a México durante el Mundial?

A unos días de que inicie uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, millones de personas viajarán entre continentes para asistir a partidos, trabajar en su organización o simplemente disfrutar de la experiencia mundialista.

Como suele ocurrir en estos escenarios, además de hablar de futbol, también han comenzado a aparecer conversaciones sobre salud pública y enfermedades infecciosas, entre ellas destaca una palabra que históricamente ha despertado preocupación: ébola.

Durante las últimas semanas, la atención internacional se ha concentrado nuevamente en África Central, particularmente en la República Democrática del Congo y Uganda, donde las autoridades sanitarias trabajan para contener un brote de esta enfermedad. Al mismo tiempo, medios internacionales informaron que Brasil investiga a una persona procedente del Congo que presentó síntomas compatibles con ébola tras arribar a ese país.

Aunque hasta el momento no existe confirmación diagnóstica, el caso ha servido para recordar algo que los epidemiólogos saben muy bien, los virus no necesitan pasaporte para viajar. La movilidad humana puede llevar una enfermedad de un continente a otro en cuestión de horas.

¿Significa esto que México debería preocuparse por la llegada del ébola?

La respuesta corta es sí y no.

Sí, porque cualquier país conectado con el resto del mundo debe mantenerse alerta ante enfermedades emergentes. Pero no, porque mantenerse alerta no significa vivir con miedo.

Existe una diferencia enorme entre vigilancia y alarma, pues muchas personas imaginan que la llegada de un caso sospechoso de ébola provocaría una situación caótica. La realidad es que los sistemas modernos de vigilancia epidemiológica están diseñados precisamente para identificar este tipo de escenarios.

México cuenta con laboratorios, epidemiólogos, infectólogos y protocolos que permiten detectar, aislar y estudiar enfermedades altamente infecciosas.

Desde el punto de vista diagnóstico, el país tiene la capacidad técnica para identificar el virus mediante pruebas moleculares especializadas y enviar muestras a laboratorios de referencia cuando sea necesario. En otras palabras, el problema no sería desconocer qué buscar.

Lo que afortunadamente no tenemos es experiencia reciente enfrentando un brote de ébola dentro del territorio nacional. Y digo afortunadamente porque eso significa que nunca hemos tenido transmisión local de esta enfermedad.

Esta situación nos recuerda una lección importante que aprendimos durante la pandemia por COVID-19: los protocolos pueden escribirse en papel, los laboratorios pueden estar equipados y los especialistas pueden estar capacitados, pero cada enfermedad nueva representa retos operativos que solamente se comprenden completamente cuando se enfrentan en la práctica.

Afortunadamente, el ébola presenta características epidemiológicas muy diferentes a las del SARS-CoV-2. No se transmite por el aire de manera eficiente ni por convivir casualmente con una persona infectada. Su transmisión ocurre principalmente mediante contacto directo con sangre, secreciones o fluidos corporales de pacientes enfermos.

Esto reduce considerablemente la posibilidad de una propagación rápida entre la población general, sin embargo, el verdadero desafío en estos momentos no es únicamente el virus.

Por otro lado, durante los últimos años hemos observado cómo las redes sociales pueden propagar rumores con una velocidad incluso mayor que la de algunos agentes infecciosos. Ante cualquier noticia relacionada con ébola, aparecen videos alarmistas, mensajes fuera de contexto y afirmaciones sin sustento científico que terminan generando más miedo que conocimiento.

Por ello, quizá la pregunta más importante no sea si el ébola llegará a México, tal vez la pregunta que deberíamos hacernos es otra:

¿Estamos consultando fuentes confiables para entender lo que ocurre?

Porque cuando una persona toma decisiones basándose en rumores, cadenas de mensajería o publicaciones sin respaldo científico, se vuelve vulnerable a la desinformación. Y la desinformación también puede convertirse en un problema de salud pública.

Los próximos meses pondrán a prueba los sistemas sanitarios de muchos países debido al enorme movimiento de personas asociado al Mundial. Sin embargo, también representan una oportunidad para recordar que la vigilancia epidemiológica internacional existe precisamente para identificar riesgos antes de que se conviertan en crisis.

Mientras los aficionados disfrutan del futbol, miles de profesionales de la salud en distintos países estarán haciendo un trabajo silencioso pero fundamental: vigilar, analizar y responder oportunamente ante cualquier amenaza sanitaria.

Y aunque pocas veces pensamos en ellos, quizá sea justamente ese trabajo invisible el que nos permite disfrutar con tranquilidad de los grandes eventos internacionales.

Porque en salud pública, muchas veces el mayor éxito no es controlar una epidemia, sino evitar que llegue a ocurrir.

Hasta pronto estimado lector.

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