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Nudos de la vida común. Un, dos, tres por mi y por tod@s l@s mexican@s

La rebeldía es vida; la sumisión, la muerte

-Ricardo Flores Magón

La muerte de Carlos Manzo no despertó solo un tigre, como él predijo. También despertó la consciencia colectiva, la solidaridad y ahora sí, la esperanza para México. Desde el día de su homicidio, la ciudadanía se ha volcado a las calles a hacer oír sus voces, no solo en Uruapan, sino a través de todo el territorio nacional.  Aún con la convocatoria de la Gen Z para el 15 de Noviembre, las y los jóvenes de nuestro país, justo aquéllos que llamamos ninis, apáticos y de cristal, no se han esperado a esta fecha, sino que se han solidarizado alrededor de distintas causas y no han cesado de salir a manifestarse, sin dejarse amedrentar por la represión violenta por parte del gobierno. 

Al contrario de otras marchas, en que la movilidad de la ciudadanía es tomada como rehén para lograr la apertura al diálogo por parte del gobierno con los diferentes colectivos en reclamo del respeto a sus derechos, en esta ocasión estamos presenciando la unidad de la población civil en torno a la defensa de nuestra vida común.   Estas marchas han estado compuestas no solo por grupos de la sociedad civil organizada, sino por individuos que por iniciativa propia se unen, al estar hartos de la inseguridad, la injusticia y la ignominiosa corrupción que como cáncer, se ha propagado por todo el país y por todos los niveles de gobierno.  

Detrás de estas marchas hay un enojo encendido y una profunda decepción, detonados por la realidad que vivimos las y los mexicanos. El gobierno federal, desde su postura soberbia, promueve la narrativa de que estas manifestaciones son impulsadas por los partidos políticos de antaño, con el objetivo de desactivarlas y minimizarlas. 

Sin embargo, esos partidos  hace siete años que ya no solo no gobiernan el país, sino que tampoco tienen acceso a los recursos públicos para financiarse. Efectivamente, tales partidos perdieron el poder político y económico. Solitos se pulverizaron, no necesitaron ayuda de nadie más que de su propia arrogancia y ambición. Simplemente no tienen la capacidad de hacer las convocatorias que estamos observando, pues efectivamente, carecen de capital moral y social. Estas manifestaciones son la evidencia de que el partido en el poder, también lo ha perdido. 

Se acusa a corrientes de derecha de ser instigadoras de estas congregaciones masivas, sugiriendo que la población, y especialmente, la Gen Z, carece de criterio y capacidad pensante, lo cual es una señal clara de lo desconectado que está el gobierno de su población. La diversidad de causas que se reclaman en estas manifestaciones no son luchas por intereses individuales, como se asume que lo hacen las ideologías conservadoras. Por el contrario, el respeto de los derechos de todos y todas, es lo que convoca a la unidad en la diferencia. Lo que está pasando en Uruapan, es la gota que derramó el vaso. La indiferencia y desprecio de los gobiernos estatal y federal ante los llamados de apoyo de su alcalde, con el terriblemente lamentable y fatal desenlace, ha sido la mano que ha quitado el nudo de la venda de nuestros ojos, pues todos nos hemos identificado en ese ignominioso actuar del gobierno por encima de los ciudadanos. 

La arenga mañanera no marca más la agenda política del país, sino que ésta se mueve ahora en las redes sociales, donde se les ha perdido de vista que quienes las habitan son los jóvenes. Se le perdió de vista al gobierno que no todo es facebook, X y sus bots, sino que la cohorte poblacional más grande de la historia, vive y socializa en otras plataformas digitales. Esto es sumamente curioso pues el gobierno justo descubrió lo apetitoso que es el mercado de los jugadores de videojuegos para recaudar más impuestos con el antiguo y ya desarmado argumento de que generan violencia, pero omitió toda la conexión que se genera en el mundo digital. 

La única forma de que el gobierno recupere credibilidad y legitimidad social es que con humildad reconozca los errores, asuma responsabilidad y que permita la libre expresión de la ciudadanía, pero sobre todo, que escuche y actúe en favor de la población.  Ojalá no se equivoque y no recurra a las prácticas del 68, sembrando grupos de choque para justificar la represión. El gobierno tiene ante sí un cóctel de inconformidades y tendría que atender una a una, pues la lucha de la población es por todas y por todos. La Gen Z no quiere cambiar el partido en el poder, pues sabe que el sistema partidista es un carrusel de corrupción.  La consigna es el derecho a un país donde todos tengamos la posibilidad de lograr nuestra felicidad, sin importar lo que signifique para cada quien. La Gen Z no es ingenua y se está haciendo cargo de su propio país. 

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