Durante los últimos días ha comenzado a circular información sobre un brote de ciclosporiasis en Estados Unidos y su posible relación con lechuga producida en México. Como suele ocurrir cuando aparece un nombre poco conocido, algunas publicaciones han generado confusión e incluso han descrito equivocadamente a Cyclospora como un virus nuevo, sin embargo, no es así.
Conviene aclararlo desde el principio: Cyclospora no es un virus ni ha aparecido recientemente. Es un parásito microscópico unicelular conocido desde hace varias décadas, capaz de alojarse en el intestino humano y provocar una enfermedad llamada ciclosporiasis.
Las personas pueden infectarse cuando consumen agua o alimentos contaminados con materia fecal que contiene el parásito. Diferentes brotes registrados en el mundo se han relacionado principalmente con productos frescos consumidos crudos, como lechuga, cilantro, albahaca, frambuesas y otras frutas o verduras.
Esto no significa que dichos alimentos sean peligrosos por sí mismos ni que debamos dejar de consumirlos. El problema surge cuando, en algún punto de la producción, el procesamiento o la preparación, entran en contacto con agua, superficies o manos contaminadas.
A diferencia de algunas infecciones respiratorias, la ciclosporiasis no se adquiere por respirar el mismo aire, saludar, abrazar o convivir normalmente con una persona enferma. La transmisión directa entre personas es poco probable, porque el parásito necesita permanecer varios días en el ambiente antes de adquirir la capacidad de infectar nuevamente.
Después de consumir agua o alimentos contaminados, los síntomas suelen aparecer aproximadamente una semana más tarde, aunque pueden comenzar desde los dos días y hasta dos semanas después.
La principal manifestación es la diarrea acuosa “explosiva”, frecuente y, en algunos casos, abundante. Los primeros síntomas también pueden incluir cansancio, pérdida del apetito, inflamación abdominal, exceso de gases, cólicos, náusea y malestar general. Posteriormente puede presentarse pérdida de peso, dolor de cabeza, fiebre ligera o vómito, aunque no todas las personas desarrollan las mismas molestias.
Una característica importante es que los síntomas pueden parecer que desaparecen y después regresar. Sin tratamiento, la diarrea y el cansancio pueden prolongarse durante varias semanas. La enfermedad generalmente no pone en peligro la vida, pero puede provocar deshidratación y ser más intensa en niñas y niños, adultos mayores o personas con el sistema inmunológico debilitado.
Ante una diarrea acuosa persistente, especialmente si hubo consumo reciente de verduras crudas o un viaje a alguna de las regiones afectadas de Estados Unidos, lo recomendable es acudir a valoración médica, mantenerse hidratado y evitar la automedicación.
También es importante mencionar al personal médico el antecedente de viaje y los alimentos consumidos. Cyclospora no siempre se identifica mediante un estudio coproparasitoscópico convencional; en ocasiones es necesario solicitar específicamente su búsqueda o realizar una prueba molecular. Cuando el diagnóstico se confirma, existe tratamiento efectivo y debe ser indicado por un profesional de la salud.
Para disminuir el riesgo se recomienda lavarse las manos antes de preparar o consumir alimentos, enjuagar frutas y verduras bajo el chorro de agua, desechar las partes dañadas, mantener limpios los utensilios y evitar que los alimentos frescos entren en contacto con superficies utilizadas para carne cruda. Sin embargo, debe reconocerse que el lavado reduce el riesgo, pero no garantiza la eliminación completa del parásito si el alimento ya se encontraba contaminado.
Respecto a México, hasta este momento no existe un brote de ciclosporiasis confirmado relacionado con la lechuga investigada en Estados Unidos. Tampoco se ha demostrado que la contaminación haya ocurrido en territorio mexicano.
La investigación estadounidense encontró una relación epidemiológica entre los casos y el consumo de lechuga iceberg rallada suministrada por una empresa ubicada en Guanajuato. No obstante, la FDA informó posteriormente que el supuesto resultado positivo encontrado en una muestra era en realidad un falso positivo. Por ahora, no existe una muestra del producto con contaminación confirmada, aunque la investigación continúa abierta.
En nuestro país, la COFEPRIS, la Dirección General de Epidemiología y el SENASICA realizan inspecciones, revisan la trazabilidad de los productos e intercambian información con las autoridades estadounidenses. Las instituciones mexicanas también han señalado correctamente que identificar el país de origen de una lechuga no demuestra, por sí solo, que la contaminación haya ocurrido en México.
Por ello, la población mexicana no debe alarmarse ni suspender indiscriminadamente el consumo de lechuga, frutas o verduras. Hasta ahora no se ha emitido una indicación para evitar toda la lechuga comercializada en nuestro país. Lo adecuado es mantenerse atento a la información oficial, aplicar medidas de higiene y acudir a valoración médica si aparece diarrea acuosa persistente.
Informar con claridad también es una forma de prevención. Cyclospora no es un virus nuevo ni representa, en este momento, una emergencia sanitaria confirmada en México.
Es un parásito conocido, existe forma de diagnosticarlo y puede tratarse. La mejor respuesta no es el miedo, sino la vigilancia, la higiene y la información responsable.
Nos vemos en la siguiente columna.


