Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos
- Ray Krock
Como hemos compartido de manera reiterativa, la empresa tiene una naturaleza intrínsecamente humana. Por ello, no es sólo común, sino también deseable, que sea un lugar propicio para el florecimiento de vínculos interpersonales sólidos, que independientemente de que son motivo de felicidad en la vida, resultan de beneficio para la empresa, porque son factores que fortalecen un clima laboral positivo e impulsan la colaboración, creando sinergias poderosas.
Sin embargo, también existe el riesgo de que la empresa sea un semillero de relaciones inapropiadas que, más allá de lo moral, -sin que deje de ser un valor muy importante-, afectan la operación, pues conducen a sesgos en la toma de decisiones y crean compromisos no escritos que derivan en la creación de grupúsculos internos y aislamientos que no favorecen la marcha del negocio.
Pero vayamos por partes. Tener amistades profundas en el trabajo es señal de salud organizacional. Significa que la empresa es un lugar psicológicamente seguro, donde la confianza y el respeto son valores encarnados en cada interacción humana y donde las personas son libres de expresar su verdadera esencia. Es decir, en una empresa donde la amistad brota, las personas saben que son aceptadas y valoradas en su totalidad, y no solo en cuanto suman a la productividad. Y eso mismo reconocen en sus compañeros. Cuando hay amistad, el equipo de trabajo evoluciona para convertirse en una comunidad, donde no es necesario hacer una separación entre trabajo y vida personal, porque lo que ocurre durante la jornada laboral es la vida misma y resulta rica para los miembros que participan de ella.
No obstante, por muy deseable que sea este entorno, la amistad no puede ser forzada ni ser el objetivo del clima organizacional. Lo que la empresa lícitamente debe promover es la confianza, el respeto y la seguridad psicológica de sus miembros, y la amistad vendrá por añadidura.
También con bastante frecuencia, en el trabajo surgen relaciones románticas. El destino, cupido o la convivencia cercana, pueden dar pie a un involucramiento más íntimo entre colaboradores. Que la empresa emita políticas a este respecto no es un acto de intromisión, sino una acción para evitar interferencias perjudiciales tanto para la pareja como para la empresa.
Cuando una relación laboral escala a una sentimental, tanto en el amor como en el desamor se provocan sesgos que pueden desencadenar decisiones que no sean favorables para la empresa, además de que es casi inevitable el flujo de información que está en posesión de alguno de los miembros de la pareja y que necesita ser reservada, poniendo en riesgo las operaciones. Por otro lado, la misma materia de trabajo y los conflictos que suceden de manera cotidiana dentro de la empresa resultan con frecuencia en desencuentros entre la pareja. Medidas como buscar opciones para la pareja para que no colaboren dentro de la misma área y por supuesto, que no haya subordinación laboral, son una buena práctica para evitar conflicto de intereses.
Ahora bien, también la empresa es susceptible a que surjan relaciones inapropiadas en el trabajo. Estas generalmente son producto de una mala gestión del clima laboral, donde el acoso sexual y el hostigamiento laboral se han institucionalizado. Se trata de entornos donde se toleran – o hasta se promueven – insinuaciones, chistes sexuales, el aislamiento de las personas que no entran al juego o incluso donde hay presión para mantener relaciones sexuales abusando del poder que se tiene por el puesto que se ocupa. Esto no solo da pie a relaciones forzadas, sino también voluntarias donde uno o ambos miembros de la pareja, tiene otro compromiso familiar permanente. Podría decirse que esto no es de incumbencia de la empresa, porque efectivamente no puede intervenir en la consciencia de sus empleados, pero si es un síntoma de que se está permeando un ambiente de deshonestidad.
Estos, desafortunadamente, son entornos laborales podridos donde la dignidad humana se pisotea y con mucha frecuencia, esconden la razón verdadera del por qué una empresa no prospera. Se culpa a los procesos, se culpa a los empleados operativos por su actitud o falta de pericia, se culpa a la competencia e incluso se culpa al cliente, pero en realidad, lo que está pasando es que la esencia de la empresa está putrefacta. En estos submundos, la colaboración y el compromiso son inexistentes.
Tanto para fomentar un clima laboral que favorezca la amistad como para evitar la propagación de relaciones inapropiadas, la empresa debe sostener una política clara y firme respecto a las conductas deseables y las intolerables en el lugar de trabajo, para construir así un entorno donde la dignidad humana no solo no sea no negociable, sino que sea promovida un día sí, y el otro también. Cultivar un ambiente laboral sano desde el punto de vista de las relaciones interpersonales, es una tarea de la empresa donde se arraiga en lo más profundo, el éxito en sus operaciones y sus resultados.
La calidad de las relaciones interpersonales en el mundo laboral no se da por casualidad, sino que es el producto de cultivar con cuidado e intención la forma en que se relacionan los miembros de la organización, y justo ahí, podremos encontrar la más resiliente ventaja competitiva: la comunidad.



