El uso de medicamentos para bajar de peso, como la semaglutida y la tirzepatida, ha crecido de forma acelerada en los últimos años, convirtiéndose en uno de los fenómenos farmacéuticos más relevantes a nivel global.
Se estima que este mercado pasó de aproximadamente 22 mil millones de dólares en 2022 a proyecciones superiores a los 100 mil millones antes de 2030, impulsado no solo por su uso en la diabetes mellitus tipo 2, sino también por su creciente demanda para el manejo del sobrepeso y la obesidad (IQVIA Institute, 2023; Morgan Stanley, 2024).
Aunque han demostrado ser eficaces bajo supervisión médica, su popularidad ha incrementado su uso fuera de indicación, particularmente en personas sin diagnóstico de diabetes, lo que plantea dudas sobre su seguridad en contextos no controlados (Wilding et al., 2021; Rubino et al., 2022; Jastreboff et al., 2022).
Al mismo tiempo, autoridades como la Agencia para la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, Food and Drug Administration, por sus siglas en inglés) y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) han emitido alertas sobre su uso indebido, incluyendo la comercialización de versiones no aprobadas, productos falsificados y su distribución en espacios no regulados, como centros de medicina estética.
Este fenómeno ha contribuido incluso a periodos de desabasto a nivel global, debido a una demanda que supera la capacidad de producción (European Medicines Agency, 2023; U.S. Food and Drug Administration, 2024). En conjunto, la evidencia muestra que estos medicamentos han salido del ámbito clínico tradicional y se están integrando a contextos no estrictamente médicos, lo que plantea riesgos importantes en términos de seguridad, ética y acceso adecuado a tratamientos basados en evidencia.
En este contexto, es importante hacer una advertencia clara: no todo lo que se promociona como “tratamiento para bajar de peso” en redes sociales o centros de estética es seguro, ni mucho menos adecuado.
Medicamentos como la semaglutida o la tirzepatida no son productos cosméticos ni soluciones rápidas. Son tratamientos que deben ser indicados únicamente después de una valoración médica completa, sin embargo, hoy en día es cada vez más común encontrar publicidad que los presenta como “inyecciones para adelgazar”, minimizando sus riesgos y omitiendo información esencial.
Por ello, si una persona se encuentra con este tipo de ofertas, es fundamental detenerse y cuestionar lo que se le está ofreciendo. Existen señales de alerta que no deben ignorarse:
- Si te la ofrecen como “Medicina Funcional”, “Medicina Ortomolecular”, “Medicina Regenerativa” o algunas denominaciones de ese tipo.
- Promesas de pérdida de peso rápida sin cambios en la alimentación o el estilo de vida
- Falta de una valoración médica previa o de estudios clínicos
- Uso de términos ambiguos como “inyecciones quemagrasa” u “hormonas para adelgazar”
- Ausencia de información clara sobre el medicamento que se está aplicando
- Ofertas centradas en lo estético y no en la salud
Aceptar este tipo de tratamientos sin la orientación adecuada no solo puede resultar ineficaz, sino también riesgoso. Como han señalado autoridades como la COFEPRIS, el uso indebido de estos medicamentos, así como la circulación de productos falsificados, representa un problema creciente que puede afectar directamente la salud de las personas.
Frente a este panorama, la pregunta clave no es solo qué evitar, sino ¿cómo hacerlo bien?
Un tratamiento serio con este tipo de medicamentos no empieza con una inyección. Empieza con una valoración médica completa: conocer el estado de salud de la persona, sus antecedentes, sus riesgos y si realmente es candidata a recibirlos, y aquí es donde muchas veces se está fallando.
Para que este tipo de tratamiento sea seguro y efectivo, debe existir al menos un acompañamiento profesional bien estructurado:
- Un médico especialista, idealmente internista o endocrinólogo, que indique el tratamiento, ajuste las dosis y dé seguimiento clínico
- Un nutriólogo o nutrióloga que guíe la alimentación durante el proceso, evitando pérdida de masa muscular y promoviendo cambios sostenibles
- Un profesional en salud mental, como un psicoterapeuta, que ayude a identificar y tratar problemas de fondo como el trastorno por atracón u otras alteraciones en la relación con la comida
Este último punto es fundamental y con frecuencia ignorado. Muchas personas no tienen un problema de “falta de voluntad”, sino una relación compleja con la alimentación que no se resuelve con un medicamento.
Cuando este acompañamiento no existe, el riesgo que atenta contra la salud salud es alto: se puede perder peso, sí, pero con efectos secundarios, pérdida de músculo, recuperación rápida del peso o incluso complicaciones más serias.
Bajar de peso no debería convertirse en un acto de riesgo. Cuando un tratamiento parece fácil, rápido y sin supervisión, probablemente no es una solución… es un problema en construcción.



