Nudos de la vida común. Recuperar la paz

La doctora en Administración, Lilia Patricia López Vázquez,

Cuando el poder del amor sobrepase al amor al poder, el mundo conocerá la paz.

  • JImi Hendrix

Se viven momentos difíciles en nuestro país. Se agotó la ilusión de que mientras uno no se meta con los malos, uno está en paz. La inacción por la absurda creencia de que estamos lejos, geográfica u operativamente del crimen organizado, nos está pasando la factura. Esto evidencia que verdaderamente y hoy más que nunca, tenemos una vida común, en la que todos estamos inmersos y de la cual todos somos responsables.

La cultura mexicana se caracteriza por una alta distancia del poder. Esto significa que desde nuestra forma compartida de ser de las y los mexicanos, aceptamos una distribución desigual del poder, aprobamos las jerarquías marcadas y valoramos el respeto a la autoridad. No se cuestiona a los superiores, sino que se les da la razón, aunque sea evidente que no la tienen. Preferimos dudar de nuestra propia lógica y callar, que poner en tela de juicio la de ellos. Estamos bien con las relaciones verticales aunque carguemos su peso sobre los hombros. Y sí, entregamos el poder a ojos cerrados, confiando en que eso es lo mejor. Es decir, creemos que el poder es la mejor forma de convivencia. Y lo peor, nos escalamos al compromiso. Nos aferramos a nuestra postura y hacemos todo por demostrar que estamos en lo correcto. Nos parece mejor tragarnos las consecuencias del manejo del poder, antes que reconocer que nos equivocamos.

Circunstancias como las que estamos viviendo en estos momentos, son al final del día, una lucha de poder, entre el Estado Mexicano, el crimen organizado y el Estado Norteamericano. Pero el mensaje no es solo entre ellos, sino que viene para toda la población mexicana. Por un lado, el abatimiento de los líderes de las células delincuenciales es una demostración de la fuerza del Estado, y podemos  decir que del mexicano o del norteamericano, según sea nuestra postura política. Pero por otro lado, la respuesta de la organización criminal resulta también una gran exhibición de poder. Al poner en jaque a medio país, con actos de intimidación a la población mediante el cierre de carreteras, quema de vehículos y de negocios, el crimen organizado muestra su músculo y su capacidad de alcance. Desafortunadamente, en una tendencia al morbo y al amarillismo, este poder es amplificado por el compartir masivo e irreflexivo de imágenes y mensajes de audio – muchos de ellos generados por IA – que hacen crecer aún más el pánico en la población. Esta nueva forma de terrorismo mediático es también una vía de controlar los territorios.  Lo grave de ello, es que es promovido por la propia población, revestida de ingenuidad. .

Los sucesos de este domingo siembran miedo, paralizan la vida común, generan una imagen adversa en el extranjero, dañando la economía en todas sus escalas e industrias. Y esto, también es una forma de ejercer el poder.

Necesitamos recuperar la paz como forma de convivencia y para ello, debemos desplazar al poder del lugar que le hemos dado en la regulación de nuestras relaciones como sociedad. Necesitamos asumir la responsabilidad de las decisiones personales y colectivas  y rectificar cuando es necesario. Necesitamos aprender a relacionarnos de una manera distinta con el poder. No se trata de dejar la vida común en manos de alguien en que creemos que puede hacer las cosas bien (ya nos han demostrado en muchos sexenios que no). El rol de quienes toman las decisiones de la vida común no es una facultad de la cual se les inviste con el voto, sino una representación de la voluntad de los ciudadanos, por lo cual, siempre deberán regresar a consultar con sus representados hacia donde queremos llevar nuestra vida común. Y para los ciudadanos de a pie, estoy segura, que ese a dónde, es la paz.

Es momento de que de manera muy consciente recapacitemos sobre cómo nos relacionamos con el poder. La cultura puede ser muy fuerte, pero la voluntad colectiva lo es más. Ojalá que de manera responsable, deconstruyamos el poder, para que la paz vuelva a coronar las sienes de México.