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Nudos de la vida común. Y ahora… ¿Quién podrá salvarnos?

NUDOS DE LA VIDA COMÚN

Y ahora… ¿Quién podrá salvarnos?

El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes.

La virtud inherente al socialismo es la igualdad de reparto de miseria

-Winston Churchill

Hemos comentado en nudos anteriores que la pandemia ha dejado evidencia contundente del fracaso del capitalismo como sistema económico en la producción del bienestar común. Si bien es cierto que el virus que nos cambió la vida no distingue clase social, también es cierto que las posibilidades de sobrevivencia y recuperación tienen una correlación directa con la capacidad económica del paciente.

Para el mes de noviembre del año pasado, el 85%[1] de los fallecidos por COVID19 fueron atendidos en instituciones públicas. Es decir, la tasa de letalidad en este sector cuadruplicaba la de los resultados de la iniciativa privada. Esta brecha enorme es producto de la incapacidad del gobierno mexicano para proveer servicios de calidad a la población ante una contingencia de esta magnitud.

Como ustedes recordarán, amables lectoras y lectores, al inicio de la pandemia el gobierno mexicano se erigió cómo el único que trataría a los pacientes contagiados. Esto, como una forma de ejercer poder sobre la población. Pronto se dio cuenta que no tenía infraestructura ni recursos suficientes para atender al número de posibles infectados y aceptó la participación del sector privado en el frente de batalla.

Ha sucedido lo mismo con el tema de la adquisición y distribución de vacunas. Hace unas semanas el gobierno federal presentó un plan que supuestamente garantizaba una cobertura de inoculación de la población en un 120%, según los contratos celebrados con diferentes empresas farmacéuticas. La estrategia era la aplicación de la vacuna a cargo de la guardia nacional.

Buscando una perspectiva positiva en esta política, este plan pretendía el control de la pandemia con una distribución justa y segura, atendiendo en primer lugar a la población más vulnerable, evitando privilegiar a sectores pudientes y previniendo posibles abusos.  Por otro lado, seguía una lógica conforme a los volúmenes de las dosis que serían recibidos en el transcurso del año.  La intervención del ejército ofrecía el personal suficiente para hacer llegar las vacunas a toda la población, a la vez que garantizaba el resguardo de las mismas.

Pero nuevamente, el gobierno federal tuvo que reconocer su falta de capacidad para la ejecución del plan, y antes de verlo fracasar, AMLO concedió su venia para que los gobiernos estatales, municipales y la iniciativa privada pudieran llevar a cabo negociaciones para adquirir el esperanzador remedio a esta crisis.

Estas dos situaciones son un ejemplo claro del añejo dilema entre la libre economía o el control del Estado. Desde el modelo capitalista, el interés de los particulares lidera e impulsa el desarrollo económico y hace eficiente al mercado.  ¿Una muestra de esta falacia? El desabasto de oxígeno medicinal y el aumento exponencial de precios en tanques y concentradores del vital gas ante el incremento de demanda de los mismos y su urgencia de vida o muerte.

Desde el modelo socialista, el Estado debe intervenir en la economía para garantizar la justa atención de las necesidades de toda la población. Hipótesis igual de falaz, pues supone capacidad técnica, operativa y una ética del bien común. El Estado mexicano, con más de 120 millones de habitantes y más de 2 millones de kilómetros cuadrados, no cuenta con la capacidad para hacer el despliegue necesario de la vacuna para dar cara a la pandemia y ponerle punto final.  Requiere de la iniciativa privada para romper el cuello de botella que el mismo Estado representa. Necesita justo de ese sector a quien ha visto como enemigo, al que le ha cerrado la puerta al diálogo, le ha negado ayuda y al que culpa de los males del país.

Abrir la posibilidad de la compra de vacunas por particulares ciertamente facilita el acceso de las mismas al país, pero surgen muchas preguntas en torno a ello. ¿Se mantendrá el turno de aplicación por grupos de edades, actividades esenciales o vulnerabilidad? ¿será una distribución altruista o tendrá un costo? En este caso, ¿quién y cómo se regulará el precio para los usuarios? Cuando la vacuna es de más de una dosis, ¿cómo se controlarán las aplicaciones subsecuentes?¿cómo se evitarán prácticas monopólicas?

Más aún, recordemos que la vacuna de COVID19 lo que hace es suministrar información al cuerpo para que sepa defenderse ante un contagio, más no detiene los contagios. Si la población, sin vacuna, ha sido negligente en seguir las medidas de contención de la pandemia, ¿qué sucederá una vez que se sienta inmune?¿y qué sucederá con la población que tarde más en tener acceso a la vacuna?

Entre un Estado ineficiente, clientelar y corrupto, y una iniciativa privada cuya única regulación de competencia son los límites entre su ética personal y las leyes de mercado, los mexicanos nos encontramos jugando a la ruleta rusa entre la prevención del contagio y la subsistencia económica.

Los sistemas económicos son teorías artificiales sobre el bienestar. Se trata de constructos sociales que lo único que han hecho es sembrar antagonismos y resentimientos. Históricamente, ninguna de las dos ha demostrado cumplir su objetivo.

De manera interesante, lo que tienen en común ambos sistemas, es el factor humano que los opera. La ambición del capitalismo y la corrupción que deriva del poder del socialismo, son dos de las sombras más oscuras de las personas. Afortunadamente, no son inherentes a nuestra naturaleza, sino por el contrario, son producto de las heridas personales y colectivas que acumulamos en el caminar de la vida, por la torpeza en nuestras interrelaciones.

La solución no está en un voto a favor de uno u otro sistema. La vacuna está en la consciencia que tomemos del otro, del cuidado mutuo que nos prodiguemos. Como alguien me dijo en días pasados, se trata de ser buenos ancestros y pensar en el futuro de aquéllos que aún no llegan a la vida y a quien no les podemos heredar un caldo de miedos, resentimientos y sospechas sobre el otro. Se trata de construir una nueva cultura basada en la confianza y la apuesta por la vida en común, donde al menos, no dañemos al otro y sólo así, daremos luz a las sombras que han sumido a la humanidad en la desigualdad y la injusticia.

 

Postdata: Justo al terminar de escribir este nudo, se está publicando la noticia de que el Presidente de México ha sido diagnosticado con COVID19 y presenta síntomas leves. Durante los últimos 10 meses AMLO ha minimizado sistemáticamente la pandemia y desdeñado las medidas preventivas. Hoy pone en riesgo la estabilidad del país y no por estar contagiado, pues eventualmente todos nos contagiaremos, sino porque ha hecho gala de negligencia al negarse a usar un simple cubrebocas y guardar distancia. La fuerza de su liderazgo popular, ha incentivado la incredulidad de la población sobre la pandemia, cuyo comportamiento ha hecho ya colapsar el sector salud.  Confiemos en su recuperación, pues en caso de que su salud se viera mermada, el país entraría en agonía social, económica y sanitaria.

[1]https://www.eleconomista.com.mx/politica/La-tasa-de-letalidad-por-Covid-19-se-cuatriplica-en-hospitales-publicos-que-en-los-privados-20201101-0003.html

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