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Nudos de la vida común. Tercer round

La democracia de un Estado no se mide por cómo se trate a sus seguidores,

sino por cómo trata a sus adversarios

  • Daniel Arzola

El formato del tercer debate entre las candidatas y el candidato a la Presidencia de la República favoreció un poco más la exposición de sus plataformas e intenciones políticas.

Quizás me equivoque, estimado lector, pero intuyo que la audiencia se agotó en los pasados encuentros y en esta ocasión, muchos prefirieron invertir su noche de domingo en temas más constructivos o divertidos que el espectáculo mediático de gritos y sombrerazos que sostuvieron los aspirantes a mandatarios en las ocasiones anteriores.

Aunque no estuvo exento del acostumbrado regateo de auto alabanzas y exhibición de los trapos sucios de los adversarios, este último debate se percibió más fluido y enfocado en los temas guía y con mayor profundidad sobre la mirada de los candidatos sobre cómo pretenden conducir al país.

Durante la discusión, se pusieron en la mesa aristas importantes sobre los temas a tratar y que no habían salido anteriormente como los migrantes nacionales que salen del país por tema de inseguridad,  las iniciativas de representación de minorías ante una eventual reducción de diputados, la universalidad de los programas sociales, la convivencia e independencia de poderes y posibles estrategias de seguridad. Se puso en la lente, aún cuando fue de pasadita, las causas raíz de los problemas y la intención de atenderlas.  Aunque fueron chispazos, las perspectivas que brindaron los candidatos permiten hacer una lectura, aunque sea superficial,  de lo que traen en mente para el país.

No obstante, resultó preocupante la continua aseveración de que las cosas en México están muy bien, pues cada uno de los debatientes aplaudió sus supuestos logros en los cargos públicos ocupados con anterioridad. La defensa de unos y otros fue nuevamente la presentación de números a modo sobre pobreza, economía, homicidios, feminicidios y salud pública, entre otros, así como la popular y desgastada táctica de manipulación a través de la afirmación sistemática de hechos falsos para convencer a la audiencia de su veracidad.

Lo triste de esto, es que con la bruma que se crea con datos engañosos, suena difícil pensar que los votantes emitirán su sufragio de manera informada. Realmente pocos acudirán a las fuentes originales de información para verificar que lo dicho es cierto, y muchos nos iremos con simpatías o con una evaluación personal de cómo nos sentimos con la actual administración. Al final del día, ese es el precio de la democracia y necesitamos todos estar conscientes de ello.

Así las cosas, hay un tema faltante en el discurso de los tres candidatos: la reconciliación nacional. Independientemente del resultado de los comicios, es inminente una rasgadura social mayor a la que ya tenemos. Vimos tres debates donde los candidatos fueron incapaces de llamarse por su nombre, como lo harían las personas adultas y civilizadas.  Fue de notar que al finalizar, no pudieron ni siquiera mostrarse como dignos y buenos jugadores, pues fueron incapaces de darse la mano para despedirse. La población, desafortunadamente, imita tal comportamiento, pues lo relevante que se deriva de los debates son los memes, los insultos y las agresiones entre los simpatizantes de coaliciones y partidos opuestos.

Un país dividido de esta forma, difícilmente puede prosperar y resulta una tierra infértil para la colaboración y la paz.  La reconstrucción del tejido social es la piedra angular que daría paso a la confianza y la suma de voluntades para recuperar un país seguro y próspero, que restaure nuestro medio natural y proteja nuestra cultura e identidad y que cree las condiciones para una vida común plena.  El que las candidatas y el candidato no traigan en el radar esta preocupación nos debe dejar claro que esta es una prioridad invisible y que como ciudadanos nos toca apropiarnos de ella.  Sin importar el color para el cual se decante la elección, habrá heridas sangrantes entre los simpatizantes de una y otra candidatura, haciendo crecer el resentimiento y la animadversión.  ¿Podremos como ciudadanos anteponer a México para lograr nuevos acuerdos de convivencia sin vernos como vencedores y vencidos, como enemigos y adversarios? ¿Qué está dispuesto a hacer, usted estimado lector, amable lectora, para que a pesar de la fractura, volvamos a tejer lazos de unidad nacional?

El dos de junio, nos toca salir a votar, pero a partir del día siguiente, es nuestra responsabilidad sanarnos como sociedad y hacer una apuesta común por la concordia y la paz. 

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