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Nudos de la vida común. Nearshoring, tan cerca y tan lejos

La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada persona,

pero no la codicia de cada una

  • Mahatma Gandhi

Nearshoring es la nueva palabrita dominguera que escuchamos en la jerga  empresarial y económica, y lo que nos cuentan, es que es una oportunidad para el desarrollo de México. Permítame, estimado lector, lectora, platicarles un poco de qué se trata para que juntos podamos ver si verdaderamente se trata de una puerta al progreso de nuestro país, una tabla de salvación o un nuevo grillete para la clase trabajadora.

Con el objetivo de lograr mayores ganancias, las empresas buscan la optimización de sus costos y gastos. La materia prima, los costos de mano de obra y los de transporte, son tres rubros muy importantes en los que las empresas se enfocan para generar mayores márgenes de utilidad. 

Durante la pandemia, con la ruptura de las cadenas productivas, se abrió la reflexión sobre la vigencia de la estrategia de concentrar la manufactura en países asiáticos, especialmente China, por sus bajos costos de mano de obra. La crisis sanitaria pegó duro en los servicios logísticos, los cuales se vieron contraídos por las restricciones sanitarias, a la vez que vivieron una sobredemanda por la popularización de los consumos en línea.  A esta circunstancia se le agregan las presiones internacionales de ONGs y algunos grupos poblacionales, por el tremendo impacto ambiental que tiene la movilización de productos en tan largas distancias. Con todo ello, las empresas se ven, en algunos casos exhortadas y en otros conminadas, a repensar sus modelos de negocios, teniendo como resultado, la evaluación de la relocalización de la producción en países más cercanos a sus mercados de consumo.

Así, la vecindad con los Estados Unidos, los acuerdos comerciales con América del Norte y los bajos sueldos en nuestro país, resultan un atractivo poderoso para la inversión extranjera en el sector industrial de México, lo cual prometería una importante generación de empleos y la anhelada reactivación económica post pandemia.

Sin embargo, también hay factores adversos que México no ha sabido controlar: la inseguridad, la inestabilidad política, el marco regulatorio para las inversiones privadas, el poder del narco en la vida pública, el bajo nivel de desarrollo tecnológico y una limitada infraestructura de transporte. Cuando se tienen tantos y tan importantes elementos en contra, se debilita el poder de negociación. ¿Puede usted imaginarse cuál será la carta de negociación de México para poder capturar tales inversiones? El bajo costo de mano de obra, por supuesto.

Pasan los años y México no parece aprender la lección. En la apertura del libre comercio en 1994, se lograron atraer inversiones debido a esta misma circunstancia. Sin embargo, México no impulsó mayores niveles de educación y capacitación en la población, ni tampoco apostó por desarrollar tecnología, por lo que en cuanto hubo disponible mano de obra más barata, tales manufactureras literalmente volaron a otros países pues México no ofrecía ningún valor agregado. Y cuando el trabajo es un producto indiferenciado, el criterio de compra será el de cualquier commodity, el costo inferior.

De la misma manera, para este primer cuarto de siglo, se tenían grandes expectativas para México con el famoso bono demográfico, pues tendría en su estructura etaria, la mayor masa de población en edad productiva de la historia, y nuevamente, al no invertir en su educación, en tecnología y en condiciones favorables para los negocios, terminamos más bien con la más grande generación de ninis jamás vista.

Así pues, México tiene más necesidad del nearshoring que los inversionistas, lo cual lo pone en una situación desventajosa a la hora de negociar el ingreso de capitales para fortalecer la industria. Para nivelar la balanza, México tendría, como mínimo, asumir un programa agresivo de desarrollo de habilidades y actitudes laborales entre la clase trabajadora, capacitando en el uso de tecnologías de vanguardia; desarrollar con rapidez una infraestructura de transporte y garantizar un marco regulatorio al menos saludable para los negocios. Adicionalmente, debería mostrar un compromiso decidido para disminuir la inseguridad y la influencia del narcotráfico en el país, así como ejecutar un proceso electoral transparente y pacífico.  Sólo así se podría demandar a las empresas interesadas en instalarse en México, una oferta de condiciones laborales superiores a las que vivimos actualmente, así como el respeto irrestricto a las normas medioambientales internacionales.  De lo contrario, seremos una nueva versión de estos países asiáticos que por su gran necesidad de empleo, cierran los ojos ante el nuevo esclavismo laboral y la destrucción del ecosistema natural.

En este contexto, parece que México está llegando tarde a la mesa de negociación para sacar partido del nearshoring, pero por otro lado, quedarse fuera podría significar una pérdida de inversión extranjera directa que puede poner en un riesgo aún mayor la economía nacional.

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