Nudos de la vida común. Del símbolo a la estructura

La doctora en Administración, Lilia Patricia López Vázquez,

  • La estructura es el mapa oculto de la vida común

México vive un momento simbólicamente histórico: la titular del Poder Ejecutivo de la Nación, es una mujer. Existe paridad de género en el Palacio de San Lázaro. Hay 13 Gobernadoras en el país. Sin embargo, el nudo de este 8M no es cuántas han llegado al poder, sino a cuántas este hecho les ha cambiado efectivamente la vida.

La desigualdad sustantiva de género es estructural. Las leyes y los discursos se disuelven en nuestra cultura, un paradigma tan enraizado que para la mayoría aún no sale a la superficie. Se trata de quién cuida, quién toma un trabajo de medio tiempo y quien desarrolla una carrera profesional; quien gestiona las emociones y el cansancio de todos; quién es dueño de sus propios ingresos y quien necesita de un permiso simbólico para tomar decisiones; quien sale a la calle sin miedo,  quien no regresa más a su casa, quien busca al hijo desaparecido. Y quien pierde la vida por ello. La estructura es el mapa oculto de nuestra vida común.

En el tiempo de mujeres, seguimos siendo el soporte invisibilizado de la vida común. En México, el 75.1% de los hombres en edad de trabajar, participan de la vida económica del país, mientras que sólo el 45.7% de las mujeres tiene acceso a ello. Más aún, el 66.8% del tiempo de trabajo de las mujeres, se dedica a actividades no remuneradas. Y de cada tres salarios bajos que hay en el mercado laboral, dos son nóminas con nombre femenino. Tan es estructural, que está tan normalizado, que lo aplaudimos como un avance… de los hombres al generosamente permitirnos trabajar. Y la independencia, pues ya veremos.  Al momento presente, somos las mujeres quienes subsidiamos la continuidad de la vida, mucho más allá del aspecto reproductivo.

Esto no se trata de buscar un reconocimiento de la mujer y darle aplausos. Se trata de reconocer que sin un sistema de cuidados, no hay igualdad sustantiva, ni productividad sana ni movilidad social. Alimentar, criar, cuidar al enfermo y al adulto mayor no son temas secundarios, sino que son parte medular de la vida común, al mismo nivel que ser económicamente productivos. Son actividades sumamente importantes dentro del desarrollo social y que deben ponerse al centro en el momento de decidir quien va por una carrera profesional y quien sostiene el mundo mientras el otro lo logra.

Pero esto no es todo. México puede presumir que ha fortalecido sus marcos jurídicos, pero no puede garantizar con solidez los derechos humanos de las mujeres. A Kimberly y Karol no les llegó el tiempo de las mujeres, como tampoco al 86% de las mujeres que siendo víctimas de abuso por sus parejas optan por no denunciarlo, pues en la estructura social que tenemos, las consecuencias de hacerlo pueden ser aún mayores que el propio atropello que sufren.

Tampoco es tiempo de mujeres para las adultas mayores. El 14.6% de las mujeres mayores de 60 años y más, reportó haber sido víctimas de violencia en el último año. El discurso del empoderamiento femenino es emotivo, pero es superficial. En lo profundo, las mujeres de esta edad están siendo invisibilizadas, pues su soledad, su abandono y la vulnerabilidad en que se encuentran no son parte de las narrativas oficiales.

El mensaje del 8M sigue sin penetrar en la sociedad. Regresamos una y otra vez al juicio sobre la legitimidad de las marchas de las colectivas. Los ojos, las mentes y los corazones siguen cerrados, pues efectivamente el sector privilegiado sigue beneficiándose de esta desigualdad. Sin embargo, es urgente avanzar. Necesitamos que el 8M deje de ser una celebración de avances (pues los números siguen siendo la mejor forma de contar ua mentira: cuando ponemos nombre a las víctimas nos damos cuenta que realmente incluso vamos en reversa). Tampoco podemos eternizar el 8M como una denuncia anual de las tareas pendientes – pues esto debe ser todos los días -.

El 8M necesita dejar de ser un símbolo para convertirse en una nueva arquitectura de la vida común. Su desafío no solo es abrir espacio para que más mujeres lleguen, sino rediseñar esta estructura social  que les pide a las mujeres sostenerlo todo, romantizando el sobreesfuerzo, y donde ser mujer, deje de ser un factor de pobreza, de vulnerabilidad y mucho menos, de riesgo para su propia existencia.