Hace algunos años, sentirse cansado era algo ocasional, no obstante hoy, pareciera formar parte de la personalidad de millones de personas.
Nos despertamos cansados, trabajamos cansados, comemos cansados, vivimos cansados y lo más preocupante es que hemos comenzado a normalizarlo.
Escuchar frases como “ando muerto”, “ando tirando la toalla”, se ha vuelto tan cotidiano, que pocas veces nos detenemos a pensar que el cuerpo podría estar intentando decirnos algo importante sobre nuestra salud.
Y sobre el punto anterior, debo decirle amable lector que, no se trata de que estemos “vibrando bajo o alto” o que estemos pasando por un proceso de “descodificación” y esas charlatanerías que no tienen ningún sentido ni sustento científico por más que se jacten de tenerlo.
Más bien a lo que me refiero es a la mera biología de nuestros órganos, aparatos y/o sistemas pidiéndonos ayuda.
Vivimos en una época donde el cuerpo humano está sometido a una presión constante para la que probablemente no fue diseñado. Estrés económico, incertidumbre, jornadas laborales extensas, hiperconectividad con las redes sociales que se traduce en un exceso de dopamina, problemas emocionales, ansiedad, exceso de estímulos digitales de todo tipo, mala alimentación y alteraciones del sueño forman parte del entorno cotidiano de millones de personas y, aunque solemos pensar que “aguantar” es una virtud, el organismo termina pagando la factura.
Desde el punto de vista biológico, el estrés crónico modifica profundamente el funcionamiento del cuerpo. Una de las principales sustancias involucradas es el cortisol, conocida popularmente como la hormona del estrés, pero esto no quiere decir que el cortisol sea el causante de todas las enfermedades que padecemos, solo tiene una ata relación con el estrés, solo eso.
Ante esto, el problema no es que exista cortisol, de hecho, lo necesitamos para vivir. Así el verdadero problema aparece cuando el cuerpo permanece durante semanas, meses o incluso años en un estado constante de alerta biológica.
En ese contexto, el organismo comienza a alterar múltiples procesos:
- Aumenta la inflamación que no podemos ver, silenciosa por cierto
- Cambia el metabolismo del azúcar
- Se altera el sueño
- Disminuye la capacidad de concentración
- Aumenta el apetito por alimentos ricos en azúcar y grasa
- Se modifica la presión arterial
- Y aparece una sensación persistente de agotamiento físico y mental.
No es casualidad que muchas personas comencemos a presentar fatiga crónica, insomnio, dolores musculares, ansiedad o dificultad para pensar con claridad, aun cuando sus estudios “parecen normales”.
Porque el cuerpo puede comenzar a deteriorarse mucho antes de que aparezca una enfermedad evidente, de hecho, hoy sabemos que dormir mal y vivir bajo estrés constante puede favorecer alteraciones metabólicas relacionadas con obesidad, diabetes, hipertensión arterial y enfermedades del corazón.
Por otro lado, os hemos convertido en una sociedad que presume el agotamiento como símbolo de productividad, por ejemplo, dormir poco se interpreta como compromiso, descansar genera culpa y ya ni hablamos sobre detenerse, darse una pausa, pareciera ser un lujo …
Pero el cuerpo humano no entiende de discursos motivacionales, al contrario, solo entiende de biología y esa biología siempre termina cobrando.
Quizá por eso también vale la pena detenernos antes de intentar resolver el agotamiento únicamente con café, suplementos, vitaminas recomendadas en redes sociales o consejos obtenidos en internet.
Así, entendemos que no todo cansancio significa lo mismo, en algunas personas puede existir un problema de sueño, en otras, alteraciones hormonales, deficiencias nutricionales, ansiedad, depresión, inflamación crónica, resistencia a la insulina o incluso enfermedades metabólicas que todavía no han sido diagnosticadas.
Por eso, cuando el cansancio se vuelve persistente, lo más prudente sigue siendo acudir con profesionales de la salud capacitados. Una valoración médica y nutricional adecuada puede ayudar a identificar factores que muchas veces pasan desapercibidos y orientar la solicitud e interpretación correcta de estudios de laboratorio, porque los estudios, por sí solos, no sustituyen el criterio clínico.
Quizá aquí vale la pena decir algo importante en tiempos donde la inteligencia artificial se ha vuelto parte de la vida cotidiana: ChatGPT no es un médico, tampoco sustituye una consulta médica, nutricional o psicológica.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para aprender, orientar o consultar información general. Pero cuando las personas comienzan a auto-diagnosticarse sin contexto clínico, interpretar estudios de laboratorio por cuenta propia o asumir que un algoritmo sustituye años de formación profesional, el riesgo de desinformación aumenta considerablemente.
Hoy existen personas que creen haberse convertido en “expertos” solamente por hacer preguntas en internet o en plataformas de inteligencia artificial, cuando en realidad muchas veces terminan tomando decisiones sin razonamiento crítico y sin comprender verdaderamente lo que ocurre en su cuerpo.
Y en salud, las malas decisiones también tienen consecuencias, pues la tecnología debería acercarnos al conocimiento, no alejarnos de la prudencia.
Porque al final, detrás de cada estudio de laboratorio, de cada síntoma y de cada diagnóstico, sigue existiendo algo que ningún algoritmo puede reemplazar por completo: el criterio humano, la experiencia clínica y la comprensión integral de una persona.
Para finalizar, y de la manera más respetuosa, quisiera invitarlo, estimado lector, a detenerse un momento y plantearse algunas preguntas que podrían llevarnos a una reflexión profunda sobre este tema:
- ¿en qué momento comenzamos a creer que vivir agotados era normal?
- Porque descansar no es perder el tiempo.
- Dormir no es un premio.
- Y sentirse bien no debería ser un privilegio.
Tal vez hemos pasado demasiado tiempo sobreviviendo y muy poco tiempo cuidando verdaderamente nuestra salud y quizá el cansancio permanente no sea solamente una señal de que necesitamos vacaciones, pues tal vez sea una advertencia de que algo en nuestra manera de vivir ya no está funcionando.
Nos vemos en la siguiente entrega, saludos estimado lector.


