Morelia, Mich.- La Casa de la Cultura se convirtió en un laboratorio sonoro donde tradición, tecnología y emoción confluyeron gracias a la presentación de SequenzaSur, uno de los ensambles más innovadores del panorama musical latinoamericano. Con un programa que recorrió más de un siglo de exploración artística —de Stravinski a los creadores contemporáneos mexicanos—, el público vivió una experiencia inmersiva que desdibujó las fronteras entre la música, la narración y el arte escénico.
La velada inició con La historia del soldado de Igor Stravinski (1882–1971), una obra inclasificable que combina música, palabra y movimiento. Concebida en 1917 junto al escritor Charles Ferdinand Ramuz, la pieza —inspirada en el cuento ruso El desertor y el diablo— fue imaginada como un “teatrito ambulante”, interpretado por actores, músicos y una bailarina. En esta versión, SequenzaSur logró capturar la esencia de ese espíritu nómada y rebelde, con su dotación camerística característica: clarinete, fagot, trompeta, trombón, percusiones, violín y contrabajo. La música de Stravinski, rítmica y fragmentada, resonó con la fuerza de lo teatral y lo ritual.
El programa continuó con Extremidad ausente, del joven compositor yucateco Eduardo Rivas (1995), una pieza para vibráfono y electrónica que explora la idea del cuerpo incompleto y la percepción del vacío a través del sonido. Estrenada en 2025, la obra crea una textura densa, casi hipnótica, donde las resonancias metálicas del vibráfono se funden con capas electrónicas que evocan la memoria sensorial.
También se interpretó una obra de Elías Puc Sánchez (1986), compositor originario de Mérida, cuyo trabajo electroacústico ha destacado en festivales internacionales. En su creación, Puc teje paisajes sonoros donde el gesto humano se mezcla con la máquina, dando lugar a una estética que combina la raíz latinoamericana con el lenguaje tecnológico del siglo XXI.
Uno de los momentos más destacados fue la ejecución del Concierto para 8 de Manuel Enríquez (1926–1994). Esta obra, emblemática de la modernidad musical mexicana, propone un equilibrio entre libertad e interpretación colectiva mediante el aleatorismo controlado. Enríquez abre así un diálogo entre los intérpretes y la partitura, permitiendo que cada ejecución sea única y que la música se construya en tiempo real ante el público.
El programa cerró con Pyramid, del maestro Javier Álvarez (1956–2023), una pieza abierta en su instrumentación y duración, creada “para cualquier número de instrumentos y sonidos electroacústicos”. Con su espíritu libre y experimental, Pyramid sintetiza la visión de Álvarez sobre la música como un espacio de encuentro y expansión, un homenaje a la multiplicidad y a la constante búsqueda de nuevas formas de expresión.
Con esta propuesta audaz, SequenzaSur reafirmó su compromiso con la música contemporánea, brindando al público una noche que desbordó los límites del concierto tradicional para convertirse en una experiencia estética total.
El concierto contó con el valioso apoyo de Kaluz, Banco Azteca, Harinera Monarca y CPKC de México, patrocinadores que hacen posible la continuidad del Festival de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez, espacio fundamental para la creación, la innovación y el diálogo musical.


