La nostalgia y el dolor que refleja la letra de “Amor Eterno” inundaron las calles de la ciudad que recorrió miles de veces durante su corta vida; cientos de personas la acompañaron hasta su última morada: el cementerio en el que hizo labores de limpieza sobre todo en las tumbas olvidadas y llevó serenata el Día de las Madres.

“La Shakira” tuvo ya sin vida, el cariño y el apoyo que durante sus 24 años anheló en su natal Cotija, una tierra que la vio crecer y desenvolverse en las calles, donde enfrentó todo tipo de violencia sin recibir protección de autoridad alguna.
Era común verla paseando por las calles de Cotija, haciendo reír a vecinos con sus anécdotas y ocurrencias; ante las inundaciones ayudaba a destapar alcantarillas y era común verla brindando apoyo a los afectados por las inundaciones.

No le hacía daño a nadie, o al menos eso señalan los vecinos del pueblo que con indignación y lágrimas en los ojos conocieron de su artero asesinato el pasado 23 de julio; su cuerpo quedó tendido en la vía pública.
La organización PRIDE Michoacán manifestó un profundo dolor e indignación por el transfeminicidio de La Shakira.

“Condenamos enérgicamente este crimen y exigimos a las autoridades del Estado de Michoacán una investigación pronta, diligente y con perspectiva de género, libre de prejuicios y de cualquier forma de discriminación. Demandamos que este caso no quede impune y que se garantice el acceso a la verdad y a la justicia para Shakira, su familia y amistades”, exigió la organización.
Para PRIDE, Shakira es muestra de la resistencia y lucha de las personas trans, pero además recuerda “la deuda histórica que el Estado mantiene”.

“Ninguna persona debería perder la vida por ejercer su derecho a existir y vivir con libertad”.
La Shakira fue despedida con una misa de cuerpo presente en la iglesia de Nuestra Señora de Popolo. Descanse en paz.


