En los años 90 del siglo pasado, Venezuela todavía gozaba de una democracia liberal vigorosa; no perfecta, pero sí con niveles importantes de desarrollo económico, social y político.
Sin embargo, con la llegada del dictador y populista Hugo Chávez y después con la imposición por años del dictador y populista Nicolás Maduro, la democracia terminó en ese país y su gente sufrió como pocas naciones. Hiperinflación, cancelación de libertades, hambre, captura de medios de comunicación y estatización de empresas privadas, todo esto azotó a Venezuela por casi tres décadas.
Este tipo de atrocidades suelen cometerlas los gobernantes tiranos y populistas que, una vez que llegan al poder, se convierten en dictadores para conservar los privilegios que les trae el poder político. O también se observa en gobernantes populistas y autócratas como lo han sido Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, que usan las leyes formales en contra de las libertades y desfondan la democracia liberal con la idea de perpetrarse en el poder, fortaleciendo su régimen con fondos de grupos criminales.
Con la caída del “presidente” venezolano Nicolás Maduro, en el mundo debe renacer la esperanza porque hoy se sabe que los narcogobiernos sí caen.
Las “formas” pueden ser criticadas por muchos, eso es normal, pero el origen de estos gobiernos tiranos, de imposición, populismo y antidemocráticos es lo que debe considerarse. Estos gobernantes populistas y dictadores así llegaron al poder, torciendo las leyes, asesinando, encarcelando a sus adversarios políticos, pero solo las personas que quieren ser “políticamente correctas” no lo reconocerán, porque a ellos les interesa pasar por “equilibrados” con sus discursos, pero en privado levantarán el puño de la victoria.
A las cosas hay que llamarlas por su nombre: En la elección presidencial de 2024, Nicolás Maduro se robó la elección. Le ganaron y él decidió arrebatar el poder y a pesar de esto, presidentes y presidentas como Claudia Sheinbaum decidieron validar esas acciones ilegales y antidemocráticas. En el fondo, narco-régimen de Venezuela y el de México son lo mismo.
Ya le llegó su hora al dictador Nicolás Maduro, y lo que sigue es garantizar que el pueblo venezolano pueda transitar hacia una democracia propia -no impuesta- y efectiva, sostenible en el tiempo y generadora de desarrollo económico, político y social. Venezuela renacerá de entre la misera y es momento de que los populistas entiendan que “podrán engañar durante un tiempo a una parte del pueblo, pero no podrán engañar a todo el pueblo, todo el tiempo”.
Después de Venezuela, podría seguir Colombia, Cuba, México y Nicaragua.
*El autor es consultor y capacitador, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho / Redes sociales: @ChristiánConAcento


