Frente a la narrativa política que suele reducir la migración a cifras o alertas de seguridad, el cineasta Enrique Muño Rizo decidió apostar por una lente distinta. Con su cortometraje documental “Rituales”, el director mexicano traslada al espectador al corazón de dos albergues en la alcaldía Iztapalapa, en la Ciudad de México, para mostrar que detrás de cada persona en tránsito hay historias de resiliencia, arte y profunda humanidad.
El proyecto comenzó como una exploración artística junto a una coreógrafa que buscaba fusionar la danza con un entorno ficticio. Sin embargo, al replantear el concepto y adentrarse en la realidad de los albergues, la perspectiva dio un giro radical al conocer a Alexander y Deiner un joven venezolano y otro ecuatoriano de entre 16 y 19 años, quienes encontraron en el baile una vía de escape.
Con la incorporación de la coreógrafa colombiana Catherine Manaki, el documental capturó un momento tan cotidiano como desgarrador: una despedida natural entre amigos en medio del limbo que viven miles de migrantes que ya no pueden o temen llegar a la frontera norte.
“Lo que buscamos aquí es darle un aire distinto a lo que se cubre muy bien en todas las noticias. A pesar de que nuestro protagonista estuvo secuestrado en Chiapas o había mucho dolor, nos enfocamos en esos momentitos de sustento, de compasión”, comparte Muño Rizo.
Para el director, la música y la danza funcionan como un lenguaje universal que trasciende el origen geográfico. A pesar de trabajar con recursos sumamente limitados y sin financiamiento, gracias al esfuerzo colectivo de un equipo que colaboró de forma voluntaria, el rodaje dejó una huella profunda en quienes participaron.
Lejos de caer en el morbo o en la explotación del sufrimiento, el equipo mantuvo firme una brújula ética guiada por la empatía. El resultado es un retrato fresco que, más allá de politizar el fenómeno global que va desde Afganistán hasta América Latina, invita a reflexionar sobre la valentía de quienes se ven obligados a dejarlo todo atrás.
El cortometraje busca que la sociedad reconozca a los migrantes como individuos con sueños y familias. En palabras de su director, la labor del documental es precisamente “detener la mirada en el dolor, pero sobre todo en la dignidad y la humanidad que persisten incluso en los escenarios más hostiles”


