El desplazamiento forzado como consecuencia de la violencia entre grupos del crimen organizado comenzó en Apatzingán desde 2010 en la comunidad de San José de Chila, se recrudeció en 2012 y luego en 2015; desde entonces han “bombardeado” Las Anonas, La Saladera, La Alberca -donde se cuentan dos familias-, Llano Grande, El Platanal, Las Bateas, El Alcalde, El Guayabo, Las Tinajas, San Fernando, El Mirador, El Manzano, La Loma de los Hoyos, La Puerta de Alambre y la Presa del Rosario.
De acuerdo a la regidora de Morena, Carmen Zepeda Ontíveros comunidades han sido “bombardeadas” y en cuanto llega la noche nadie puede salir de casa.

“La Loma de los Hoyos ha sido bombardeada cuatro veces y está sitiada la comunidad, la gente, en cuanto cae la noche, ya no puede salir de sus casas porque los retienen, porque se los llevan; a algunos los devuelven muy heridos y a otros no los vuelven a ver nunca”, asegura la regidora de Morena,
En Acatlán las 25 casas quedaron abandonadas cuando “tronaron” las balas y los explosivos más cerca; en mayo hizo un año que María, sus hijos y su esposo enfermo dejaron en definitiva sus tierras, su tiendita y su casa; los militares los urgieron a abandonar el lugar, junto con ellos, ya que no podrían protegerlos.



“Yo vi que al menos nos pusieron en medio de ellos y nos trajeron hasta acá; “Ya no quedan vecinos, sálganse, póngase entre nosotros, no podemos hacer nada realmente por ustedes porque no nos han dado la orden”; que ellos esperan la orden, esperemos que sí oiga, ya es tiempo”.
Por rumores conocieron que sus propiedades habían sido saqueadas, ni por el refrigerador pudieron volver, lo perdieron todo; decidieron irse a Loma de Los Hoyos pero ahí la violencia se recrudeció; enfrentaron la explosión de minas y las amenazas de hombres armados que ingresaban hasta las iglesias.
Su esposo falleció a las semanas y pidió que lo llevaran para Acatlán, pero no pudieron siquiera cavar la tumba.
“Lo cargaba yo, me vine a la Loma de los Hoyos, de hecho ahí explotaron unas minas como a 100 metros de la casa donde yo estaban y mejor me lo traje al pueblo, con sus hijos. Decía “yo quiero estar allá” y allá murió el 23 de mayo del 2025, íbamos a cavar pero no pudimos”.
María siempre soñó con vivir en paz, junto a su esposo y sus hijos, pero tuvo que dejar su comunidad para viajar a la cabecera municipal, vivir con conocidos y resignarse a ganar algunas monedas ayudando en algunas casas.
Cueramato, tierra de nadie.
Familias enteras han perdido el patrimonio que reunieron con años de esfuerzo para salvar la vida; 30 años de tranquilidad y felicidad se desvanecieron en Cueramato, donde la guerra entre los civiles armados obligó a sus habitantes a dejarlo todo; ocasionalmente “se arriesgan” y con miedo regresan a sus viviendas, en un intento de recuperar lo que lograron tras años de trabajo.

Desde el anonimato 3 mujeres relatan que el 3 de mayo de 2026 cayeron los dronazos en sus casas y tuvieron que abandonar la localidad en plena oscuridad, luego dos de sus familiares murieron por la explosión de una mina cuando transitaban en moto rumbo a su trabajo.
“Ellos iban al trabajo y pisaron la mina y pues mi cuñado dejó a su niña y el otro muchacho a tres niñas y su esposo, eso es lo que estamos viviendo ahorita, lloramos y nos contentamos, estamos igual, porque nadie nos toma en cuenta, dicen que todo está tranquilo, que está bien”.
Los heridos murieron desangrados, ya que nunca recibieron apoyo médico inmediato, pese a que avisaron a los militares.



Están por cumplir 3 meses desplazados; de 70 viviendas habitadas calculan que cerca de 50 salieron huyendo y 17 familias insisten en vivir en Cueramato pese al peligro; algunos optaron por trasladarse a El Morado, otra comunidad rural y unos más a la cabecera de Apatzingán, donde conocidos los han recibido en su vivienda.
Gallinas, puerquitos, animales de compañía, todo quedó abandonado; hasta los niños vieron truncados sus planes, como Andrea, que a sus 11 años, no pudo disfrutar de su graduación y tuvo que dejar junto a sus padres la comunidad.


“Ahí en la casa estábamos comiendo, de repente se escuchaban descargas y se escuchaban dronazos, bombas. (…) Más lejos y ahora se escucharon en el cerro. (…) Me dio miedo y les dije que si nos íbamos para El Morado o para Apatzingán; nos vinimos para Apatzingán y luego hasta mayo que nos volvimos a seguir”.
Durante meses vivieron el asedio de los criminales, que no solo privaron de la libertad a algunos vecinos sino que los robaron cuando intentaban ir a comprar mercancía para organizar una kermés en honor de la Virgen de Acahuato; denunciaron lo ocurrido a los militares, pero no hicieron nada.
Aunque viven con miedo por sus familias, advierten que no dudarán en actuar contra quienes atentan contra su bienestar y se apropian de lo que tanto esfuerzo les costó tener.
“Yo le digo que soy vieja y tengo huevos, se lo demuestro que sí tengo, le digo usted no tiene porque no nos cuidan, y sí le digo ‘por mi santa madre si hubiera traído una pistola los recontramato, porque son pendejos, agarraron el dinero y me dieron la espalda. Porque golpean gente inocente”.
Se dicen abandonadas por las autoridades, no conocen al gobernador, ni a la alcaldesa Fanny Arreola Picharo; en 42 años solo Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano visitó la zona como mandatario estatal; señalan que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no hace nada, pese a que comprometió que cambiarían las cosas.
“Nosotros tanta fe que le teníamos a ella y nos quedó mal, nos está quedando mal, que no hace nada por nosotros, que ella iba a cambiar pero ya vemos que no, hizo que se nos cayeran las alas del corazón y gracias, que Dios la acompaña y a nosotros”.
Entre las familias que salieron huyendo de Cueramato, algunas se refugiaron en El Morado, una localidad rural también asediada por la delincuencia, pero que durante las últimas semanas ha mantenido una tensa calma.
Ahí, Victoria y Laura encontraron una casa prestada y la generosidad de vecinos que comparten sus alimentos y todo lo que pueden dentro de su pobreza, saben lo que es vivir con la angustia que provoca el no saber si verán el día siguiente.

Tras días de escuchar las balaceras a la distancia, salieron huyendo de Cueramato cuando la cercanía de las explosiones hizo vibrar sus casas; sabían el riesgo de que penetraran los techos de lámina.
“Todos se salieron, solo se quedaron los que tienen casa de concreto y la tienen segura, esas no se salieron, pero todos tenemos casas de lámina y ese es el miedo, porque todos hemos visto como quedan las casas con unos agujeros bien grandes. Como familias que tenemos en Loma de Los Hoyos, ya lejanos, pero se mataron con esas bombas, les cayeron en sus casas y pues tenemos miedo que maten a uno. Uno murió ahí y otro se lo llevaron a Morelia y allá murió “
Relatan que tras el desplazamiento, acudió a El Morado, Fanny Arreola Pichardo, pero ni siquiera esperó la asistencia de los desplazados, se tomó una foto y se fue.

Conocen el sentimiento del rechazo, también ha ido el Ejército entrega una despensa y se va.

“Esa presidenta municipal nomás vino pero no nos dio la cara, dijeron que vino y ya cuando dijeron que había venido ya había salido un carro, ni siquiera nos saludó ni nada, nomás se tomó la foto y se fue”.
Su voz tiembla por el temor, la impotencia y el dolor de haber perdido todo en una guerra en la que ellos no forman parte. “Somos el pueblo”, señalan, “la presidenta, el gobernador, todos deben voltear a ver el pueblo”.

Con lágrimas en los ojos, pero voz firme hacen su única exigencia:
“Que ponga más atención hacia el pueblo, que es su deber. Creemos que como presidenta debe hacer su labor, igual Claudia Sheinbaum, tiene que hacer su labor y ver por el pueblo. Pedirle a la presidenta, al gobernador y todos que volteen a ver al pueblo, que para eso están en ese cargo”.


