El homicidio de Roberto Chávez Bedolla en la localidad de El Terrenate, municipio de Madero, encendió la alarma entre los Comités Ambientales que desde hace años defienden los bosques y los manantiales de la región, y que ahora advierten que, ante la falta de respuesta del Estado, podrían verse obligados a defenderse por su cuenta.
Dieron un ultimátum de 15 días para “tomar las riendas, cuidar sus comunidades, familias y proteger su patrimonio”, dijo el representante de los Comités Guillermo Saucedo Gamiño, al considerar que incluso es mucho tiempo.
Denunciaron que la violencia contra quienes defienden los bosques y el agua de la región escaló a un punto límite y advirtieron que, ante la omisión del gobierno, podrían levantarse en armas para defenderse, al tiempo que exigieron no ser criminalizados y protección para los integrantes que siguen amenazados.
Uno de los testimonios centrales fue el de Guillermo Saucedo Gamiño, habitante de la comunidad de El Sangarro, quien expresó la preocupación y tristeza por la situación que enfrentan quienes participan en la defensa ambiental de la zona.
“Pues la verdad, pues preocupado y triste por la situación que estamos viviendo ahorita los comités de defensa ambiental… desafortunadamente nos han ido secuestrando compañeros, nos los han entregado para atrás, pero ahora ya tuvimos la pérdida directa de un compañero”, señaló.
Saucedo Gamiño sostuvo que los comuneros no son delincuentes, sino personas que buscan proteger recursos que son de todos, pero reprochó que durante años el gobierno ha ignorado sus denuncias y peticiones de apoyo. “Ya tenemos años arrodillándonos al gobierno, pidiéndole de favor ponnos la atención, ver lo que estamos haciendo; no somos delincuentes, somos unas personas luchando por todo, por el mundo entero, para el bienestar de todos, pero el gobierno voltea para otro lado”, reclamó.
También recordó que antes del asesinato de Roberto Chávez Bedolla ya habían sido secuestrados dos compañeros, por lo que advirtió que el crimen de su compañero representa un parteaguas para los comités. “Ya nos habían secuestrado dos compañeros… pero ya fue el colmo, ya nos mataron a un compañero”, lamentó.
Por su parte, Francisco Gómez Cortés fue quien lanzó una de las declaraciones más duras del pronunciamiento, al advertir públicamente que denunciar lo que ocurre en la región puede costarle la vida. “Lo digo clarito, ¿saben por qué? Porque serán mis últimas palabras que digo. Regresando, saliendo de aquí ya sepa Dios, pero ya de todos modos tengo que decir lo que sé y lo que han hecho estos delincuentes”, expresó.
Francisco vinculó la violencia contra los comités con la defensa del bosque frente a quienes desmontan y extraen madera, al señalar que las agresiones recrudecieron desde que comenzaron a frenar esas actividades en la región.
Más adelante, don Juan fue quien habló del ambiente de amenaza generalizada tras el asesinato de Roberto Chávez Bedolla y del miedo con el que viven los integrantes de los comités.
“Nos sentimos, al menos yo, yo siento que a lo menos como yo me siento, así nos sentimos todos amenazados… ya con lo que nos acaba de pasar, ya perdimos un compañero”, dijo.
El mismo comunero advirtió que, después del crimen, entre los defensores ambientales existe la sensación de que cualquiera puede ser el siguiente. “O sea que nos tienen sentenciados, pues, que por años van a ir de uno por uno; hay miedo y no más estamos esperando que saber a qué nos toca”, alertó.
En el pronunciamiento también se denunció que al menos ocho integrantes de estos grupos han sido amenazados por defender los árboles y los nacimientos de agua en la región. “Sí, son varios, aproximadamente son como unos ocho los que han amenazado a estos grupos porque ya no quieren que la gente cuide los arbolitos, no quieren que la gente cuide los nacimientos de agua”, expuso René Valencia líder de Revolución Social.
Los pobladores reclamaron además que existen numerosas denuncias, pero no acciones concretas de las autoridades para detener a los responsables. Incluso, acusaron que quienes delinquen suelen enterarse antes que nadie de los señalamientos presentados en su contra.



